El aceite de aguacate y sus propiedades
reduzca hasta un 30 por ciento, y la grasa saturada a menos del 10 por ciento de la energía total en la dieta, y
el descubrimiento de que los ácidos grasos monoinsaturados (AGM) son tan efectivos como los ácidos grasos
poliinsaturados (AGP) en disminuir los niveles de colesterol en la sangre
[2].
La grasa dietética posee varias funciones: es un componente de las plantas, animales y membranas celulares
de bacterias; cubre las necesidades diarias de energía y la proporciona cuando otras fuentes están ocupadas,
las células no pueden utilizar la almacenada y la ingesta es inadecuada por alguna enfermedad. Las reservas
de grasa mantienen la temperatura corporal y protegen a los órganos de golpes. Además, contribuye en el
transporte y absorción de vitaminas, y lo principal, da sabor y textura a los alimentos
[3].
La importancia de la grasa en la dieta está fuera de toda discusión. Sin embargo, mucho del interés actual
sobre la grasa dietética deriva de su implicación en la etiología de enfermedades crónicas tales como
enfermedades cardiovasculares (ECV), cáncer, hipertensión arterial (HA), diabetes mellitus (DM) y obesidad.
De acuerdo con las recientes pautas dietéticas europeas y americanas, la reducción de grasas y la
modificación del tipo de grasa en la dieta son fundamentales
[4].
En México, existe un fenómeno alimentario asociado con la transición demográfica y la globalización,
conocido con el término de "transición nutricia", y refleja la condición en que una proporción (en constante
aumento) de la población consume tipos de dietas asociadas con el desarrollo de enfermedades crónicas [5].
Según los resultados de la Encuesta Nacional de Nutrición de 1999 [6], la obesidad en México se ha
incrementado respecto a la de 1988. Se encontró una prevalencia de sobrepeso y obesidad de 5.4 por ciento
para menores de 5 años por el índice peso para la talla y 52.5 por ciento para mujeres de 12 a 49 años por
índice de masa corporal. El sobrepeso y la obesidad, se asocian a un mayor riesgo de contraer enfermedades
crónico-degenerativas como diabetes, hipertensión y padecimientos cardiovasculares, que afectan a un
número cada vez mayor de adultos en este país y conducen a muertes prematuras.
De acuerdo con los datos de mortalidad general en el año 2000 [7], la Secretaría de Salud publicó que las
primeras 4 causas de muerte general fueron: diabetes mellitus, enfermedades isquémicas del corazón,
cirrosis y otra enfermedades crónicas del hígado y enfermedad cerebro vascular, lo cual representa el 10.7,
10.1, 5.8 y 5.8 por ciento respectivamente de la mortalidad general. Las enfermedades isquémicas del
corazón fueron la primera causa de muerte en los varones mexicanos y la enfermedad cerebro vascular, la
cuarta; mientras que en las mujeres mexicanas ocuparon el segundo y tercer lugar, en esa relación.
Composición de los ácidos grasos en el aceite de aguacate
El aguacate es un alimento rico en nutrientes que contiene una alta proporción de AGM, una baja cantidad de
AGS y nada de colesterol. Según Duester [8], cerca del 60 por ciento de los ácidos grasos son
monoinsaturados, el 20 por ciento poliinsaturados y los demás, saturados. Cuando el fruto madura,
disminuye el contenido de ácido palmítico (saturado) y aumenta el del ácido oleico (monoinsaturado).
Ácidos Grasos Saturados
El aceite de aguacate sólo contiene una cantidad de AGS comparable al del aceite de girasol, de maíz, de
oliva, de soya y de cacahuate, depende de la variedad y el estado de madurez (varía entre un 10 y 19 por
ciento) Ácidos Grasos Monoinsaturados
El ácido oleico es el más abundante en la naturaleza. Un AGM está presente en todas las grasas y aceites, y en
algunos aceites, como el de oliva, de canola y de aguacate es el principal ácido graso. El ácido oleico llega a
alcanzar hasta un 80 por ciento del total de los ácidos grasos en el aceite de aguacate [9,10].
Ácidos Grasos Poliinsaturados
El aceite de aguacate está en una posición intermedia entre los aceites vegetales respecto al contenido de los
AGP (11-15 por ciento). Contiene niveles más elevados de AGP que el aceite de oliva o de palma, pero sus
niveles de AGP son más bajos que el aceite de maíz, de algodón, de soya y de girasol [10].
Los ácidos grasos de las familias n-3 y n-6, también conocidos como los ω-3 y ω-6, poseen un doble enlace
ubicado a 3 y 6 carbonos del metilo terminal, respectivamente, ésta es una posición estratégica para la
actividad de algunas enzimas. Estos compuestos desempeñan roles críticos en la estructura de las
membranas celulares y actúan como precursores de los eicosanoides como las prostaglandinas, leucotrienos
y lipoxinas que son compuestos altamente reactivos y que cumplen funciones diversas en el hombre;
intervienen en la agregación plaquetaria, en los procesos inflamatorios y en el sistema inmunológico. Los
ácidos n-6 (linoleico y araquidónico) y el ácido α-linolénico son esenciales para el organismo y deben
incluírse en la dieta [11].
Sin embargo, el aceite de aguacate contiene una cantidad baja de ácido linolénico (<1%) y su balance ácido
linoleico / ácido linolénico no es favorable (23:1) [12]. De entre los aceites vegetales, sólo el aceite de
canola y el de soya contienen cantidades apreciables de ácido linolénico [13].
En las secciones siguientes se discute el significado del bajo nivel de AGS, el alto nivel de AGM y la presencia
de los AGP en el aceite de aguacate en relación con las enfermedades crónicas, en particular las ECV.
La grasa dietética y las enfermedades cardiovasculares
Los complementos con aceite de pescado, la substitución de grasas saturadas por monoinsaturadas y las
dietas con alto contenido de grasas monoinsaturadas previenen los efectos nocivos de una dieta baja en
grasa, sobre los niveles de triacilglicéridos (TG). Los AGM afectan favorablemente un número de factores de
riesgo para las ECV, incluso los lípidos del plasma y lipoproteínas, los factores relacionados con la
trombogénesis, la susceptibilidad oxidativa de las lipoproteínas de baja densidad (LDL, por sus siglas en
inglés) in vitro y la sensibilidad a la insulina. Respecto a los ácidos grasos saturados (AGS), los AGM
disminuyen los niveles de colesterol LDL y colesterol total; y en relación con los carbohidratos, aumentan los
niveles de lipotroteínas de alta densidad (HDL, por sus siglas en inglés) y disminuyen los TG del plasma [14].
La baja ingesta de grasa saturada y colesterol son consistentes con disminuciones en los niveles de
colesterol sanguíneo y más bajas tasas de mortalidad coronaria sobre los 30 últimos años. El éxito de una
guía dietética para alcanzar un patrón dietario nacional que sea bajo en AGS y colesterol, y moderado en
grasa total, dependerá de una aproximación multifacética al cambio dietario en la fase del monitoreo
nutricional nacional que facilitará el análisis de cómo y en dónde se producirá el cambio y en dónde son
necesarias fuentes adicionales [15].
© 2005, e-Gnosis [online], Vol. 3, Art.10 El aceite de aguacate y sus propiedades… Pérez R. R. et al.
ISSN:1665-5745 -4/ 11- www.e-gnosis.udg.mx/vol3/art10
El adecuado tratamiento de la hipercolesterolemia y del resto de los factores de riesgo es fundamental para
prevenir las ECV. La estratificación del riesgo de las personas es esencial, por cuanto condiciona la
periodicidad del seguimiento y la indicación e intensidad del tratamiento. Basándose en dicha estratificación
se han establecido unas prioridades de control de la colesterolemia y del riesgo cardiovascular derivado de
la misma. En prevención primaria en los pacientes de alto riesgo, el objetivo terapéutico se establece en un
colesterol LDL inferior a 130 mg/dl. En prevención secundaria, el tratamiento farmacológico se instaurará
con un colesterol LDL ≥ 130 mg/dl y el objetivo terapéutico será colesterol LDL <100 mg/dl. Las estatinas son
los fármacos de primera elección en el tratamiento de la hipercolesterolemia. Cuando exista
hipertrigliceridemia moderada-grave y colesterol LDL bajo se emplearán los fibratos. En el síndrome
coronario agudo, el tratamiento hipolipemiante, cuando esté indicado, debe iniciarse precozmente.
Los
pacientes con cardiopatía isquémica se deben incluir en programas de prevención secundaria que aseguren,
de forma continuada, un buen control clínico y de los factores de riesgo [16].
En un estudio prospectivo, los resultados sugieren que dos patrones dietéticos derivados de datos de
consumo alimentario, evaluados mediante cuestionarios de frecuencia alimenticia, predicen de manera
significativa la incidencia de las ECV, independiente de otras variables de estilo de vida. Este estudio
proporciona evidencia de que una dieta abundante en hortalizas, frutas, legumbres, granos enteros, pescado
y pollo, y baja en carnes rojas, carne procesada, productos lácteos con mucha grasa y granos refinados
puede reducir el riesgo de las ECV [17].
Según Li [18], el consumo de carne estuvo asociado con una concentración elevada de ácido esteárico
fosfolípido en el plasma (marcador sustituto de la ingesta de AGS), en varones australianos sanos. Esta
concentración tuvo una correlación positivamente alta con el colesterol total en el plasma y con las
concentraciones de colesterol LDL, aún después de controlar los potenciales factores confundidos (tales
como ejercicio; ácido mirístico, ácido palmítico y ácido araquídico fosfolípidos en el plasma; grupo
dietético; edad, índice de masa corporal; e ingesta de grasa total saturada, colesterol, carbohidratos y fibra).
Sería apropiado que la población reduzca su ingesta de AGS en lugar de reemplazar los demás AGS con ácido
esteárico.
Para medir el efecto de los cambios en grasa dietética en niños de 4 a 10 años de edad [19], se les redujo la
ingesta de alimentos grasos y su porcentaje de calorías de la grasa total disminuyó. El reemplazo de
alimentos grasosos por alimentos bajos en grasa dentro de varios grupos alimentarios, en particular del
lácteo, y el consumo de más porciones de frutas, hortalizas y postres muy bajos en grasas. Estas conductas
no comprometieron su promedio de ingesta de calorías o nutrientes, lo cual mostró que es posible que los
niños disminuyan su ingesta de grasas con el fin de reducir futuros riesgos de padecimientos cardiacos.
En jóvenes sanos, con niveles normales de colesterol, que en sus hábitos consumen una dieta equilibrada de
acuerdo con las recomendaciones generalmente aceptadas, la sustitución de aceite de girasol por aceite de
oliva, durante diez semanas, produjo un descenso de un 12 por ciento de la media de colesterol sérico, cuyo
efecto es de esperar que se siga de una reducción del riesgo de padecer ECV en un futuro [20].
Las nueces son semillas con muchos atributos benéficos, en especial por el perfil favorable de sus ácidos
grasos. Cuando se consumen dietas de prueba que incluyen nueces, hay una respuesta hipocolesterolémica
superior en un 25 por ciento a aquella predicha mediante las ecuaciones. Se alude que existen en las nueces
constituyentes no lipídicos que poseen efectos hipocolesterolémicos adicionales.
El efecto hipocolesterolémico del aceite de aguacate
Los AGM son los componentes predominantes en la grasa del aguacate y se asocian con un corazón sano
[23]. Entre las dietas más empleadas para la prevención y tratamiento de la arteriosclerosis, la dieta rica en
grasa monoinsaturada (ácido oleico) es la más benéfica para la población sana, desde el punto de vista del
metabolismo hidrocarbonado y la presión arterial [24]. Según Cerrato [25], una dieta rica en AGM puede
reducir marcadamente la necesidad de usar medicamentos antihipertensivos.
Cuando se trata de individuos con altos niveles de TG, una dieta rica en AGM y AGP omega-3 es más eficaz
para corregir el perfil lípido sanguíneo aterogénico que una dieta baja en grasas y alta en carbohidratos [26].
De hecho, una serie de nuevos ensayos dietéticos indica que las dietas altas en grasa monoinsaturada
disminuyen el riesgo de ECV, en algunos casos, con mayor eficacia que las dietas estándar bajas en grasa
recomendadas por la American Heart Association [27]. Etherton [28] considera que la grasa monoinsaturada
es una alternativa dietética en el tratamiento de la hipercolesterolemia.
Una dieta enriquecida con aguacate (alta en AGM) puede mejorar el perfil de lípidos en pacientes con
hipercolesterolemia moderada [29, 30] y en pacientes con DM no dependiente de la insulina, en quienes
además mantiene un adecuado control glucémico [31]. Sin embargo, para obtener estos efectos benéficos es
necesario disminuir las cantidades de carbohidratos y AGP [32].
Alvizouri-Muñoz et al. [33] demostraron que el aguacate ayuda a evitar la hiperlipidemia sin los efectos
indeseables que provocan las dietas bajas en grasa saturada sobre las concentraciones de colesterol LDL y TG.
Colquhoun et al. [34] concluyeron que una dieta enriquecida con aguacate es más efectiva que una dieta alta
en carbohidratos complejos para disminuir el colesterol total.
Colquhoun [35] observó que una dieta con aguacate (entre 1/2 y 1-1/2 aguacates diarios) disminuyó
significativamente el colesterol del plasma en un 8.2% (p<0.05), además de la LDL (10.3%) y la
alipoproteína B (8.7%).
Respecto a la aterogenicidad del aceite de aguacate; mediante experimentos con conejos, se demostró que el
aceite de coco es la grasa más aterogénica, entre los aceites vegetales. El aceite de maíz fue sólo ligeramente
menos aterogénico que el aceite de oliva y el de aguacate. El porcentaje de colesterol HDL del plasma fue
más alto en los conejos alimentados con estas grasas monoinsaturadas. De este modo, el aceite de aguacate
es del mismo orden de aterogenicidad que el aceite de maíz o de oliva [36]. También, en experimentos con
conejos, Alvizouri-Muñoz et al. [37] observaron que el aceite de aguacate proporcionó una protección
parcial, pero muy importante, en contra de la aterosclerosis.
La grasa dietética y la diabetes mellitus
En los últimos años se han sugerido cambios en la composición de la dieta de los pacientes con DM, que
incluyen modificaciones en la cantidad de calorías, en la proporción de los hidratos de carbono, en el tipo de
grasas y en el aporte de fibra dietética. Además, se han propuesto recomendaciones en relación con la
ingestión de edulcorantes, vitaminas y bebidas alcohólicas. En el caso de las grasas, se aconseja una ingesta que represente menos del 30 por ciento de las calorías diarias (<10% de grasas saturadas, <10% de grasas
poliinsaturadas, 10 a 15% de grasas monoinsaturadas) [38].
En el caso de los indígenas otomíes de México, los cambios drásticos en los patrones tradicionales de
alimentación pueden originar problemas de salud asociados con la elevación de lípidos en la sangre. La
prevalencia de DM fue de 4.4 por ciento, la de hipercolesterolemia, de 7.2 por ciento, y la de
hipertrigliceridemia (HTG), 26 por ciento. Las concentraciones de glucosa (81.0 ±24.4 mg/dl) y TG (157.4 ±
88.9 mg/dl) aumentaron con la edad, así como la prevalencia de HTG [39].
Un 10% de aumento en la ingesta de carbohidratos asociados con el consumo de cereales en el desayuno no
tuvo efectos dañinos sobre el control glucémico o lípidos de la sangre, durante seis meses, en sujetos con DM
tipo 2. El aumento de insulina en el plasma y la reducción de ácidos grasos libres asociados con una ingesta
abundante en carbohidratos pueden disminuir la velocidad de progresión de la diabetes. No queda claro si, a
largo plazo, la reducción de insulina en el plasma y el aumento en ácidos grasos libres asociado con una
ingesta alta de AGM presenta efectos dañinos sobre la progresión de la DM [40].
En mujeres, la ingestión de grasa total, y AGS y AGM, no estuvo asociada con riesgos de diabetes tipo 2,
aunque la presencia de ácidos grasos trans los aumentan, mientras que los AGP los disminuyen. Tales riesgos
se reducirían al sustituir los ácidos grasos trans con AGP no hidrogenados [41].
Los beneficios en el control glucémico que se han atribuido a las dietas enriquecidas con AGM se explican, al
menos en parte, por el hecho de que tales dietas aumentan la secreción de la hormona antidiabética GLP-1.
La manipulación en la composición de los ácidos grasos dietéticos para elevar la proporción de AGM
respecto a los AGS, puede ser una aproximación útil con la cual desarrollaría la secreción de GLP-1 en
pacientes con tolerancia a la glucosa deteriorada o con DM tipo 2 [42].
En contraparte, Brynes et al. [43] reportaron que ni los AGM ni los AGP causaron efecto sobre la estimulación
postprandial de la GLP-1. No se encontró evidencia para recomendar aumentos de AGM en la dieta,
prefiriéndolos sobre los AGP, en términos de una acrecentada sensibilidad a la insulina para personas con DM
tipo 2 en un periodo de tres semanas; no obstante, los AGP redujeron significativamente la proporción de
colesterol total a colesterol HDL, un beneficio reconocido en la prevención de las ECV. Los cambios en los TG
del plasma o en el coeficiente linoleico/oleico no estuvieron asociados con un aumento en la estimulación de
GLP-1 o en un cambio en la sensibilidad a la insulina en personas obesas, resistentes a la insulina, con DM
tipo 2.
En pacientes con DM tipo 1, una dieta alta en carbohidratos debiera ser preferible sobre una dieta alta en
grasa monoinsaturada, ya que la adherencia en aquéllos resultó en un menor número de partículas
postprandiales circulantes, que son potencialmente aterogénicas [44].
Los cambios en la composición de la grasa de la dieta no se alteraron sobre las concentraciones plasmáticas
de glucosa e insulina. Sin embargo, modificaron la presión arterial media, al destacar el efecto hipotensor de
las dietas enriquecidas con ácido oleico (AGM) o con pescado azul (AGP n-3), respecto a la dieta enriquecida
con AGS. Estos resultados, confirman datos epidemiológicos previos que apoyan el valor benéfico sobre la
disminución del riesgo vascular, de las dietas enriquecidas con ácido oleico, así como con AGP n-3,
derivados del pescado, que caracterizan a la dieta mediterránea,.
La grasa dietética y la estabilidad oxidativa de los LDL
Los niveles elevados de colesterol en la sangre (colesterol total y colesterol LDL) son factores de riesgo para
las ECV, y se piensa que la oxidación del LDL contribuye al desarrollo de la aterosclerosis. Un método
potencial para evaluar los efectos del tratamiento dietético sobre el status LDL -oxidativo es la medición de la
susceptibilidad del LDL a la oxidación in vitro. Los datos sugieren que varias dietas hipocolesterolemiantes,
incluso las bajas y altas en grasa (altas en AGM), también pueden disminuir la susceptibilidad oxidativa de
las LDL, y por consiguiente, contribuyen a reducir el riesgo de las ECV [46].
Podría evitarse una ingestión excesiva de los AGP mediante el uso de una nueva emulsión lípida intravenosa
(mezcla de aceites de soya y de oliva que sólo contiene TG de cadena larga, con un 20% de AGP y 60% de
AGM), cuyo uso diminuye el riesgo de la peroxidación y producción de radicales libres, los cuales son
potencialmente tóxicos para la estructura de la membrana celular, las lipoproteínas circulantes y el sistema
retículo-endotelial. Además, se modificaría de manera benéfica el perfil lipídico y reducir el riesgo de
padecimientos aterogénicos [47].
Una dieta abundante en alimentos ricos en fitoquímicos favorece las lipoproteínas, disminuye la necesidad
de mecanismos de defensa oxidativos y mejora la función del colon. Los individuos que consumieron esta
dieta experimentaron descensos en el colesterol total, en el colesterol LDL y en los TG; no tuvieron cambios
esenciales en el colesterol HDL; evitaron la necesidad de proporcionar altos niveles de defensa intrínseca
contra daño oxidativo y reportaron una mejora en la función del colon. Estos efectos fueron como resultado
de microcomponentes biológicamente activos al actuar aditivamente o sinergisticamente y no sólo como
compuestos aislados [48].
Las dietas vegetarianas disminuyeron la susceptibilidad de las LDL a la oxidación, la presión sanguínea, el
colesterol total y el colesterol LDL del plasma, con una mayor proporción de colesterol HDL a colesterol LDL,
y una alta proporción de AGP a AGS [49].
En pacientes con la enfermedad de Crohn se encontraron anormalidades en la concentración de los lípidos
del plasma, el malondialdehído y antioxidantes, y en la composición de los ácidos grasos y lipoproteínas.
Entre estas anormalidades, la deficiencia de los ácidos grasos esenciales es de particular interés en el
contexto de la biología humana. La complementación con estos ácidos grasos puede satisfacer la demanda
creciente para la reparación de tejidos, la formación de la membrana y la prevención de la función celular
subóptima, mala absorción y crecimiento inadecuado. En vista de la reducida capacidad defensiva
antioxidante y la presencia de excesiva peroxidación de lípidos, deben elaborarse estrategias para reforzar el
sistema antioxidante en pacientes pediátricos que padezcan la enfermedad de Crohn .
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